—Dispénsenos, mi Coronel, si no estamos muy buenos; queremos acabar esta botellita aquí, en su rancho; si le parece mal, si le incomodamos, nos retiraremos.
—Estén á gusto—les contesté,—yo no soy hombre etiquetero.
—Ya lo sabemos—contestaron á dúo,—por eso hemos venido.
Y esto diciendo, José, que era muy zalamero, que había sido muy obsequiado por mí en el Río 4.º, me abrazaba, diciéndole á Camargo:
—Éste es mi padre—y mirándome significativamente:—Ya sabe, mi Coronel, quién es José.
Quedo enterado, decía yo para mis adentros, sabiendo mejor que él á lo que me debía atener.
Declaraciones de beodos son lo mismo que promesas de mujer.
¡Necio de aquél que se chupa el dedo!
Necio de aquél que al entregarle su corazón, sus esperanzas y sus ilusiones, olvida el dicho de Ninón de Lenclos: