¡Quién sabe cuántos dolores no han desgarrado su alma!
¡Quién sabe de cuántos desdenes no es víctima, después de haber sacrificado los más caros intereses en aras de la patria y de la amistad!
¡Quién sabe cuántos infortunios indecibles no han anticipado su vejez!
¡Quién sabe si habiéndose hecho la ilusión de ver en el último tercio de la vida, amenizado el hogar con los afanes de la tierna esposa, y de los hijos, no es un desterrado de la familia por sus liviandades ó por la fatalidad!
¡Quién sabe si esa existencia trémula, enfermiza, que se apaga, que no destella ya sino moribundos rayos, como el sol de brumoso día al ponerse, no necesita un poco de consideración social para disfrutar de un soplo más de vida!
¡Los niños y los viejos son como los polos del mundo! opuestos, pero iguales.
En los unos hay el candor prístino, en los otros hay la inofensiva debilidad.
............................«Last scene of all,
That ends this strange eventful history
Is second childishness, and more oblivious,
Sans teeth, sans eyes, sans taste, sans everything.»
Los unos merecen nuestra atención y nuestro amparo, porque vienen; los otros nuestra lástima y nuestro sostén porque se van.