En la referida posta le pregunté yo al dueño de casa, que era un vejete bastante alentado.

—¿Y, qué noticias tiene, paisano?

—Ningunas—me contestó.

—Pero hombre—agregué asombrado;—¿no sabe usted que los paraguayos han invadido la Provincia de Corrientes con cuarenta mil hombres; que nos han apresado unos vapores; que han robado, incendiado y cautivado muchas familias?

Por toda contestación exclamó, con la tonada consabida:

—¡Lo bueno que por aquí no han de llegar!

¡Qué consoladora ingenuidad! Pero qué bien pinta el estado moral de un país.

Después de esto habladme cuanto queráis del patriotismo argentino. Yo os diré que el patriotismo es una virtud cívica, que no apasiona las multitudes sino cuando la noción del deber se ha encarnado en ellas; que todo deber responde á un ideal; que la libertad, la religión, la patria, el honor nacional son un ideal, pero que ese ideal no está sino en la conciencia de cierto número de elegidos.

Tenemos el germen, falta difundirlo.

¿De qué manera? Haciendo que la patria sea para el hombre del pueblo, la libertad en todas sus manifestaciones, la justicia, el trabajo bien remunerado; no el abuso, el privilegio, la miseria.