¿No hacían lo mismo que los que después de haber sostenido que el pueblo tiene el derecho de equivocarse se han rebelado contra él, porque tuvo la energía de inmolar uno de sus tiranos?
¿No mentían?
Mariano Rosas y Baigorrita, declarando en una junta, después de haber firmado el tratado de paz, que harían lo que la mayoría resolviese, ¿no imitaban á los que más de una vez han declarado en nuestros Congresos lo contrario de lo que habían convenido con el extranjero?
¡Cuánto he aprendido en esta correría!
Si me hubieran dicho que los indios me iban á enseñar á conocer la humanidad, una carcajada homérica habría sido mi contestación.
Como Gulliver en su viaje á Liliput, yo he visto al mundo tal cual es en mi viaje á los Ranqueles.
Somos unos pobres diablos.
Los enanos nos dan la medida de los gigantes y los bárbaros la medida de la civilización.
Resta saber si seríamos más felices poniendo en la silla curul de nuestros magnates, pigmeos, y cambiando el coturno francés por la bota de potro.
Los héroes prueban tan mal y la moda es tan tiránica en sus imposiciones, que vale la pena de meditar sobre las ventajas y las consecuencias de una revolución social.