Por falta de tacto ó por falta de suerte, fatalidad que suele obscurecer las dotes más relevantes del hombre, burlar sus planes y desvanecer sus ilusiones unas tras otras, lo mismo que los vendavales deshojan los árboles más frondosos, Macías se convirtió de plenipotenciario en prisionero.
Escribió y escribió; sus cartas no fueron contestadas. Hasta el soldado que en calidad de asistente le acompañaba, le abandonó.
Sólo, sin sirviente ni medios de subsistencia, maturrango, ¿de qué había de vivir, ni cómo había de escaparse?
Tuvo que aceptar el pan de los indios y de los cristianos refugiados entre ellos por causas políticas.
Por debilidad, por falsos cálculos, por conveniencia, qué sé yo por qué, se vinculó á los últimos y riñó con ellos después.
No le quedaba más arbitrio que apelar á los indios: se hizo amigo de Mariano Rosas.
Mejoró de condición, y de prisionero se elevó á la categoría de secretario.
Las primeras notas que yo recibí en el Río 4.º de aquel cacique, eran escritas por mi antiguo condiscípulo.
Á la distancia le juzgué mal.
Corrían tantas historias sobre los motivos que lo llevaron á los indios, que era muy difícil substraerse á la influencia de las sospechas populares.