¿Quién resiste á los juicios de los conocidos sobre los desconocidos?

¿Cuál es la cabeza bastante fuerte para despreciarlos, para esperar?

¿El criterio que tenemos de la generalidad de las personas es acaso el resultado de nuestra observación directa?

¿No amamos, no aborrecemos, no simpatizamos, no antipatizamos por refracción?

Una secretaría hace celosos en cualquier parte, lo mismo en París que en Berlín, en Buenos Aires que en Leubucó.

Macías despertó la emulación de los cristianos.

Temieron su ascendiente.

Comenzaron á intrigarle y lo consiguieron.

Yo, desde el Río 4.º contribuí sin intención dañina á su caída.

Le juzgaba mal, ya he dicho por qué, y le escribí á Mariano Rosas, que el secretario que tenía no era bueno, que sus notas decían todo lo contrario de los recados que me llevaban sus mensajeros.