—Bueno, hermano—le dije,—yo pienso irme pronto para mandarle cuanto antes las raciones.
—Cuando quiera, hermano—me contestó;—yo no tengo ya sino un poquito que conversar con usted.
—Pienso irme dentro de dos días.
—Hablaremos mañana entonces.
—Está bien.
Me lo voy á llevar á Macías.
No me contestó; en su cara leí una negativa.
—Á usted no le sirve de nada aquí.
Siguió callado.