Bien poca cosa me pidieron; tela para pilquenes, hilo y agujas.
Epumer me dijo que quería un chaleco de seda...
—¿Colorado?—le interrumpí.
—No—me contestó;—negro.
Me levanté, me despedí, me acompañaron, violando los usos de la tierra, hasta el palenque, monté á caballo y partí.
Á cierta distancia di la vuelta.
Me seguían con la vista.
Saludé con la mano, me contestaron con el pañuelo.
Llegué al toldo de Mariano Rosas.