—Compadre—me contestó,—estoy triste porque se va.

—¿Y qué, le gustaría á usted que no me dejaran volver?

—No quiero decir eso.

—¿Y entonces?

—Quiero decir que siento no poder acompañarlo.

—¿Y por qué no se viene á pasear al Río 4.º conmigo?

—Porque no puedo.

—¿No es usted libre?

—¡Libre!