La junta se haría á los cuatro días porque había que hacer citaciones.

No habría novedad.

Yo expondría en ella los objetos de mi viaje, y Mariano me apoyaría en todo.

Sólo había un punto dudoso.

¿Por qué insistía yo tanto en comprar la posesión de la tierra?

Mariano me dijo:

—Ya sabe, hermano, que los indios son muy desconfiados.

—Ya lo sé; pero del actual Presidente de la República, con cuya autorización he hecho estas paces, no deben ustedes desconfiar, le contesté.

—¿Usted me asegura que es buen hombre?—me preguntó.

—Sí, hermano, se lo aseguro—repuse.