El cielo estaba limpio y sereno, la luna y las estrellas brillaban como luces de diamantes; de la borrasca no quedaban más indicios que unos nubarrones lejanos.
Lo mismo que luciérnagas en negra noche se divisaron unos fuegos.
Á esa hora y en desierto, era sumamente extraño.
El gaucho argentino tiene la inspiración de todos los fenómenos del campo.
De noche y de día es su talento.
—Esos fuegos han de ser en un toldo; los vemos por la puerta ó por alguna rotura de las paredes—dijo Camilo.
—¿Y en qué lo conoces?—le pregunté.
—En que la llama no se mueve porque no tiene viento.
Así conversábamos cuando nuestros caballos se detuvieron de improviso.