Y, con todos sus defectos, sus contradicciones y sus veleidades, la existencia sin ellas sería como una peregrinación nocturna por una tierra de hielo y bajo un cielo sin luz.

Sí, todos exclaman tarde ó temprano, después de tantos arranques frenéticos:

Yes! my adored, yet most unkind!
Though thou wilt never love again,
To me 'tis doubly sweet to find
Remembrance of that love remain.

Yes! 'tis a glorious thought to me
Nor longer shall my soul repine,
Whate'er thou art or e'er shall be,
That thou hast been dearly, solely, mine. [4]

El cencerro de las tropillas me servía de guía; mi caballo iba brioso lo que oía y rumbeaba al fin para la querencia.

Llegué al pie de un médano bastante elevado y me encontré con Camilo Arias que me esperaba.

Oyendo el cencerro y no viendo las tropillas, se me ocurrió que alguna novedad había.

—¿Qué hay?—le pregunté.

—Nada, señor—me contestó,—por precaución lo he esperado aquí; vamos á cruzar este médano, tiene muchas caídas y es muy fácil perderse.