—Spañol—me contestó.

—¿Spañol?—repetí yo, mirando á Mora y á Ramón alternativamente.

—Sí, señor, Spañol—me dijo Mora,—así les llaman á algunos cautivos.

—Spañol—afirmó Ramón, que había entendido mi pregunta.

—¿Pero qué nombre tenías en tu tierra?—le pregunté al cautivo.

—No sé, se me ha olvidado; era muy chico cuando me trajeron—repuso.

—¿De dónde eres?

—No sé.

—¡Cómo no has de saber! ¿Te han prohibido que digas tu verdadero nombre y el lugar en donde te cautivaron?