—Yo soy amigo de los cristianos, porque me gusta el trabajo; yo deseo vivir en paz, porque tengo qué perder; yo quiero saber si esta paz durará y si me podré ir con mi indiada al Cuero, que es mejor campo que éste.
Le contesté:
Que me alegraba mucho de oirlo discurrir así; que eso probaba que era un hombre de juicio.
Añadió:
—Yo conozco la razón; ¿usted cree que no me gustaría á mí vivir como Coliqueo?[5] ¡Pero cuándo van los otros!
¡Están muy asustadizos! Es preciso que pase mucho tiempo para que le tomen gusto á la paz.
Yo repuse:
—¿Entonces usted cree que es mejor vivir juntos y no desparramados?
—Ya lo creo—me contestó,—viviendo así tan lejos unos de otros, todos son perjuicios, no hay comercio.