Era una substancia blanquecina, amarga, como la sal.

Apunté atíncar, convencido que la palabra no era castellana.

En cuanto llegué al Río 4.º, uno de mis primeros cuidados fué tomar el diccionario.

La palabra atíncar trotaba por mi imaginación.

Atíncar hallé en la página 82, masculino, véase: bórax.

—¡Alabado sea Dios!—exclamé.—Yo sabía lo que era bórax; sabía que era una sal que se encuentra en disolución en ciertos lagos; sabía que en metalurgia se la empleaba como fundente, como reactivo y como soldadura. ¡Loado sea Dios!—volví á exclamar,—que así castiga sin palo ni piedra.

Tanto que declamamos sobre nuestra sabiduría, tanto que leemos y estudiamos.

¿Y para qué?

Para despreciar á un pobre indio, llamándole bárbaro, salvaje; para pedir su exterminio, porque su sangre, su raza, sus instintos, sus aptitudes no son susceptibles de asimilarse con nuestra civilización empírica, que se dice humanitaria, recta y justiciera, aunque hace morir á hierro al que á hierro mata, y se ensangrienta por cuestión de amor propio, de avaricia, de engrandecimiento, de orgullo, que para todo nos presenta en nombre del derecho el filo de una espada, en una palabra, que mantiene la pena del talión, porque si yo mato me matan; que en definitiva, lo que más respeta, es la fuerza, desde que cualquier Breno de las batallas ó del dinero es capaz de hacer inclinar de su lado la balanza de la justicia.

¡Ah! mientras tanto, el bárbaro, el salvaje, el indio ése, que rechazamos y despreciamos, como si todos no derivásemos de un tronco común, como si la planta hombre no fuese única en su especie, el día menos pensado nos prueba que somos muy altaneros, que vivimos en la ignorancia, de una vanidad descomunal, irritante, que ha penetrado en la obscuridad nebulosa de los cielos con el telescopio, que ha suprimido las distancias por medio de la electricidad y del vapor, que volará mañana, quizá, convenido; pero que no destruirá jamás, hasta aniquilarla, una simple partícula de la materia, ni le arrancará al hombre los secretos recónditos del corazón.