Todos se despiertan exclamando: ¡bravo! ¡bravo!
El autor no se detiene, sus amigos creen que aquello es un sueño, que están ciegos, porque abren los ojos y nada ven, vuelven en sí después de un momento de espanto y la escena termina con esta enseñanza útil:
La monotonía es capaz de hacer dormir á los mejores amigos.
¿Mis oficiales no pensaban en nada de esto al censurar mi parada á la vista de los médanos de la Verde, como no pensaron en ocasiones anteriores qué habría sido de los pobres caballos y de nosotros mismos, si hubiéramos marchado en alas de la impaciencia siempre al galope?
Habríamos tardado más en llegar á Leubucó, más en salir de allí, más en volver al punto de partida y el trayecto lo hubiéramos hecho entre el sueño y la fatiga.
Que se acuerden de lo que les pasó, yendo de la Verde al fuerte «Sarmiento» y cuando en cumplimiento de mis órdenes tuvieron que hacer la marcha al trote, y nada más que al trote.
Todos querían galopar ó tranquear.
Los franciscanos clamaban al cielo.
La consigna era al trote y al trote se marchaba y las distancias parecían más largas y las horas eternas y todos se dormían y se llevaban los árboles por delante é interiormente exclamaban: malhaya el Coronel.