Sea de esto lo que fuere, la triste realidad es que los indios están ahí amenazando constantemente la propiedad, el hogar y la vida de los cristianos.

¿Y qué han hecho éstos, qué han hecho los Gobiernos, qué ha hecho la civilización en bien de una raza desheredada, que roba, mata y destruye, forzada á ello por la dura ley de la necesidad?

¿Qué ha hecho?...


Oigamos discurrir á los bárbaros.

Conversando un día con Mariano Rosas, yo hablé así:

—Hermano, los cristianos han hecho hasta ahora lo que han podido, y harán en adelante cuanto puedan, por los indios.

Su contestación fué con visible expresión de ironía.

—Hermano, cuando los cristianos han podido nos han muerto; y si mañana pueden matarnos á todos, nos matarán. Nos han enseñado á usar ponchos finos, á tomar mate, á fumar, á comer azúcar, á beber vino, á usar bota fuerte. Pero no nos han enseñado ni á trabajar, ni nos han hecho conocer á su Dios. Y entonces, hermano, ¿qué servicios les debemos?

Yo habría deseado que Sócrates hubiese estado dentro de mí en aquel momento á ver qué contestaba con toda su sabiduría.