Aprovechándola tomé una lección de lengua araucana.
Entonces vine á saber lo que querían decir ciertas palabras, cuyo significado buscaba hacía tiempo, como indios picunches, puelches y pehuenches.
Ché es un vocablo que significa, según el lugar que tiene en la dicción, yo, hombre ó habitante.
Los cuatro vientos cardinales se denominan: Norte, puel; Sur, cuerró; Este, picú; Oeste, muluto.
Así, pues, Picunche[1] quiere decir habitante del Este, que es como se denominan los indios que viven en cierta parte de la cordillera; Puelche, habitante del Norte; Pehuenche, siguiendo la misma regla, significa habitante de los pinos, que es como se denominan los indios que viven entre los pinares que crecen colosales en los valles de la falda occidental de la Cordillera de los Andes.
Para dar una idea de la eufonía de esta lengua, que se asimila, alterándolas ligeramente, todas las palabras de otras, verbigracia, llamándole waca á la vaca, y cauallo al caballo, enumeraré algunas palabras que me enseñó mi comadre, y que copio de mi vademécum.[2]
Yo—enchê, tú ó vos—eimí, nosotros—inchin, vieja—cucé, joven—elchá, linda—comê, fea—uedá, madre—nuqué, hijo de padre—bôtom, hijo de madre—píñem, grande—uchaima, chico—pichicai, mucho—entren, poco —pichin, blanco—lieu, negro—currü, cielo—neno, sol—anti, luna—quién, tierra—truquen, mujer—curré, hombre—uentru, sí—maí, así es—pipi, (modismo muy usual), no—müe, agua—có, fuego—quítral, viento—cürrüf, frío—utré, calor del sol—comote anti, calor sin sol—comotearreün, pronto—matu, despacio—ñochi, sueño—umau, amigo—weni, hermano—peñi, pasto—cachu, ceniza—entruequen, sal—chadileubú (de aquí, Río Salado se dice chadileubú), monte—mamil, árbol—quiñemamil (quiñe quiere decir uno), cara—angé, ojos—ñé, boca—ün, orejas—pilun, nariz—iu, mano—cui, brazo—lipan, barba—payun, pecho—rucú, piernas—chaan, pies—mamon, dedo—changil, frente—tol, pelo—loncó, (de aquí loncotear—tirarse del pelo), pescuezo—pel, cortar—catril, bailar—pürrum, morir—lai, se murió—lai-pi, risa—aien, rabia—yarquen.
Poco más sé de la lengua araucana, no porque no haya tenido tiempo de profundizar mis estudios, sino por las dificultades con que tropezaba á cada paso, cuando hacía una pregunta para aclarar alguna duda.
No pude saber nada respecto á la conjugación de los verbos.
Lo mismo digo de los géneros.