¿Pare una china? Pues en el acto, ella y el fruto de sus entrañas se meten en una laguna, sea invierno ó verano.
Una palabra más, antes de que me retire del fogón, en que estoy, y me meta en la cama.
Es una observación ajena que puede interesarle al mundo médico.
Mi condiscípulo el Dr. D. Jorge Macías, que ha pasado dos años entre los Ranqueles, y que entre ellos estaría á no ser por mí, pretende que allí no hay tísicos, y lo atribuye al alimento de la carne de yegua.
Si la observación fuese exacta y la causa la consignada, de hoy en adelante podríamos exclamar: no más tísicos.
No me atrevo á decir si la cosa merece la pena de ser averiguada, aunque recuerdo que no hace mucho tiempo más de un galeno se reía cuando las curanderas recetaban buche de avestruz.
NOTAS:
[1] La n se agrega, porque es más agradable al oído decir picunche que picuche.