Ci-gît Piron, qui ne fut rien
Pas même académicien.
Si la vida se pasa así, de cualquier modo, con más razón se pasa cualquier noche.
La primera que dormí en Quenque, al raso, cerca del toldo de mi compadre Baigorrita, pertenece á ese género. Creo que ni recuerdos tuve.
De ella sólo puedo decir que dormí.
Mi fatigado cuerpo no sintió ni el aire de la noche, ni la dureza del suelo, ni la famélica inquietud de los perros, que devoraban los rezagos y huesos de nuestro fogón, haciendo crujir sus afilados dientes, hasta romperlos y chupar el escondido tuétano.
Los indios no les dan de comer á sus perros, y, sin embargo, tienen muchos; en cada toldo tienen una jauría.
Los pobres viven de los bichos del campo que cazan, ó como los avestruces, pescando moscas al vuelo.
El hambre les hace adquirir una destreza increíble. Mosca que zumba por sus narices va á parar á su estómago.
Los tratan con la mayor dureza; el que no está lleno de chichones tiene alguna cicatriz agusanada.