Los indios se la hacen unos á otros, al rayar el sol, con un apéndice que dejo á tu perspicacia adivinar.
De gustos no hay nada escrito.
Una ostra cruda es para algunos el bocado más sabroso. Vitelio se comía, para abrir el apetito, cuarenta docenas de una sentada.
Algunos buscan el queso hediondo, y prefieren el que camina.
Mientras tanto, otros no pueden pasar ni lo uno ni lo otro.
No nos admiremos de las costumbres de los indios.
He de repetir hasta el cansancio, que nuestra civilización no tiene el derecho de ser tan orgullosa.
En Santiago del Estero, donde lengua y costumbres tienen un sabor primitivo, los pobres hacen lo mismo que los indios.
El que quiera verlo, no tiene más que tomar la mensajería del Norte y dar un paseo por aquella provincia argentina.