—No, señor, no, ¿cómo se imagina usted que una señora de esta clase?... ni en pipa ni en nada—agregó permitiéndose ciertos movimientos de una inopinada energía.
Los médicos sonrieron ligeramente y continuaron examinando a la enferma. Uno de ellos le introdujo una pluma en la garganta. Mi tía, insensible, no dio señales de sentirla. El médico hizo un gesto de desagrado.
—Es preciso mudarle la cama—agregó...
—¡Ah! sí—replicó mi tío haciendo una mueca forzada para disimular un profundo pesar;—¡pobrecita, se conoce lo grave que está!
Otro de los médicos se acercó al oído de mi tío y le hizo una pregunta.
—¡Pfs!... hace muchos años, señor, desde soltero—dijo éste dejando errar por sus labios una melancólica sonrisa—si nunca hemos tenido hijos, y usted sabe que... el doctor Brown me decía que sin embargo era posible y que...
—¡Ah, sí!—concluyó el médico que sin duda se vio amagado por una historia patológica de la familia de mi tío;—sí, el doctor Brown era un gran práctico.
En este momento se acercaban los otros colegas. Habían terminado su examen e iban a celebrar consulta. Poco tendrían que decir de la enferma; tal era su estado de gravedad. Según opinión unánime, era una hemorragia cerebral en su más terrible forma. La respiración continuaba siempre laboriosa, las pupilas dilatadísimas e insensibles a la acción de la luz, y los líquidos que apenas tomaba, se quedaban en la garganta produciendo esos estertores penosos que impresionan tanto. Este último síntoma era de augurio fatal. Mi tío estaba consternado: su mujer iba desapareciendo lentamente sin hacer mención de reconocerlo cuando se acercaba a su lecho.
—¿Tiene mucha fiebre?—se atrevió a preguntar a uno de los médicos que salió el primero de la consulta.
—No, señor, no, al contrario, su temperatura es más bien muy baja. Sin embargo, es probable que ahora comience a subir mucho, si, como desgraciadamente lo tememos, esto termina mal. Está en un coma profundo—agregó, queriendo confundir a mi tío con un tecnicismo confuso:—es una hemorragia cerebral de forma apoplética paralítica.