—¡Ah—pensaba,—si después de esto no comprende que lo amo, si no me perdona mi dinero!

VIII

Estamos a 10 de agosto, día en que debe volver Juan a Longueval.

Bettina se despierta muy temprano, se levanta y corre a la ventana. Un gran sol naciente disipa los vapores de la mañana. La víspera, por la noche, el cielo estaba amenazando, cargado de nubes. Bettina ha dormido muy poco, y durante toda la noche decía:

—¡Con tal que no llueva mañana!

Va a ser un día precioso, y como Bettina es algo supersticiosa, esto le infunde esperanza y valor. La jornada principia bien y terminará bien.

M. Scott ha vuelto hace unos días. Bettina lo esperaba en el muelle del Havre con Zuzie y los niños.

Después de abrazarse tiernamente, varias veces, Richard, dirigiéndose a su cuñada, pregunta riendo:

—¡Y bien! ¿cuándo es el casamiento?

—¿Qué casamiento?