—Con M. Juan Reynaud.

—¡Ah, mi hermana os ha escrito!

—¿Zuzie? No. Zuzie no me ha dicho ni una palabra. Vos, Bettina, me habéis escrito. Desde hace un mes, en todas vuestras cartas, sólo se trata de este joven oficial.

—¿En todas mis cartas?

—Sí, sí, y me escribíais con más frecuencia y más detención que antes. No me quejo, pero os pregunto, ¿cuándo me presentaréis a mi cuñado?

El hablaba así por broma, mas Bettina le responde seriamente:

—Espero que será muy pronto.

M. Scott sólo ahora sabe que el asunto es serio. Bettina le pide sus cartas, al volver en el vagón para releerlas, y ve que, en efecto, en todas habla de él. Halla allí los más mínimos detalles de su primer encuentro; el retrato de Juan en el jardín del presbiterio con su sombrero de paja y la ensaladera de loza... y después el señor Juan, y siempre el señor Juan. Descubre que lo ama desde mucho antes que lo pensaba.

Estamos, pues, a 10 de agosto. Acaba de concluirse el almuerzo en el castillo. Harry y Bella están impacientes. Saben que de una a dos el regimiento atravesará la aldea, y les han prometido llevarlos a ver pasar los soldados, y para ellos, tanto como para Bettina, la vuelta del 9.º de artillería es un gran acontecimiento.

—Tía Betty—dijo Bella,—tía Betty, ven con nosotros.