Algunos momentos después se detenía junto al carruaje, y dirigiéndose al cura, le dijo:
—Vengo de vuestra casa, mi padrino. Paulina me dijo que habíais ido a Souvigny por la venta... Y... ¿quién compró el castillo?
—Una americana, madama Scott.
—¿Y Blanche-Couronne?
—La misma madama Scott.
—¿Y la Rozeraie?
—También madama Scott.
—Y el bosque... ¿todavía madama Scott?
—Tú lo has dicho—replicó Pablo...—Y yo la conozco a madama Scott... y vamos a divertirnos en Longueval y te presentaré... Pero todo esto causa pena al señor cura... porque es una americana, una protestante.
—¡Ah! es verdad, mi pobre padrino... En fin, de eso hablaremos mañana, que iré a comer con vos: ya se lo previne a Paulina. Ahora no puedo detenerme, estoy de semana, y a las tres debo hallarme en el cuartel.