—¿Para la revista?—preguntó Pablo.
—Sí, para la revista. ¡Hasta la vista, Pablo!... ¡Hasta mañana, padrino!
El teniente de artillería continuó su galope, Pablo soltó las riendas a su yegua.
—¡Qué buen muchacho es este Juan!—dijo Pablo.
—¡Oh! sí.
—¡No hay en el mundo nada mejor que Juan!
—No, nada mejor.
El cura se volvió para mirar a Juan que se perdía ya en la espesura del bosque.
—Sí, señor, hay algo, y sois vos, señor cura.
—No, yo no.