—Os escribiré anunciándoos el día. Vendré lo más pronto posible, para que estrenemos juntos el castillo.
Entretanto, Paulina, en un rincón de la pieza hablaba con mucha animación y misterio con miss Percival. Su conversación terminó con estas palabras:
—¿Vos estaréis allí?—decía Bettina.
—Sí, estaré.
—¿Y me diréis en qué momento?
—Os lo diré, pero cuidado... ahí viene el señor cura, y es preciso que ni sospeche...
Las dos hermanas, el cura y Juan salieron de la casa, y tuvieron que atravesar el cementerio para ir a la iglesia. La tarde era deliciosa. Lenta y silenciosamente los cuatro, bajo los rayos del sol poniente, caminaban por la avenida.
En el camino se encontraba el monumento del doctor Reynaud, muy sencillo, pero, sin embargo, por sus proporciones se distinguía de las demás tumbas. Madama Scott y Bettina se detuvieron al ver esta inscripción grabada sobre la piedra:
Aquí yace el doctor Marcelo Reynaud, cirujano mayor de los movilizados de Souvigny, muerto el 8 de enero de 1871, en la batalla de Villersexel. Rogad por él.
Cuando concluyeron de leer, el cura designando a Juan, les dijo: