—Sí, excepto el domingo.

—¿Entonces os levantáis?...

—A las cuatro y media.

—¿Y es de día?

—¡Oh! en este tiempo sí.

—Levantarse así, a las cuatro y media, ¡es admirable! Nosotros terminamos nuestra jornada muchas veces a la hora en que vos la comenzáis. ¿Y os gusta vuestra carrera?

—Mucho, señorita. ¡Es tan lindo tener su existencia recta ante sí, con sus deberes bien claros y bien definidos!

—Sin embargo—observó madama Scott,—¡no ser dueño de sí, tener siempre que obedecer!...

—Eso tal vez es lo que más me agrada. No hay nada más fácil que obedecer, y, además, aprender a obedecer es aprender a mandar.

—¡Oh, cuán cierto debe ser lo que decís!