—Dispensad, pero habéis tenido un pequeño movimiento de orgullo. Pues bien, yo os responderé que mi bisabuelo también era agricultor en Bretaña, y se trasladó al Canadá a fines del siglo pasado, cuando el Canadá era aún francés... Y ¿queréis mucho la aldea en que habéis nacido?

—Mucho, y pronto me veré obligado a abandonarla.

—¿Por qué?

—Si obtengo un ascenso, me enviarán a otro regimiento, y me pasaré de guarnición en guarnición... pero cuando sea un viejo comandante o un viejo coronel retirado del servicio, vendré a vivir y morir aquí, en la casita de mi padre.

—¿Siempre solo?

—¿Por qué solo? Espero que no.

—¿Tendréis intención de casaros?

—Seguramente sí.

—¿Y buscáis con quién casaros?

—No. Puede uno pensar en casarse, pero no debe buscar con quién casarse.