Jacobo creyó llegado el momento de dejar este tono humorístico, tan peculiar a los españoles hasta en los más graves asuntos, y se dispuso a entrar en materia; colocó los guantes que se había quitado sobre la mesa del secrétaire, y apoyando en ella ambos codos y dando vueltas al magnífico brillante que en uno de sus meñiques tenía, comenzó a decir mirando sus reflejos:
—Mira, María... Me alegro de tratar contigo este asunto mejor que con Elvira, porque eres una mujer de mundo y sabrás comprender mi situación y ponerte en mi caso... Elvira es un ángel... con alas de cisne; tú eres también un ángel, pero con alas de águila...
La imagen resultaba bonita, y la marquesa agradeció el cumplido con una ligera sonrisa.
—Mi situación actual—prosiguió Jacobo—puede concretarse en esta fórmula: «He corrido mucho y me he cansado pronto». Recuerdo haber leído en Confucio...
La marquesa no pudo contener la risa al oír el santo Padre que con tan pedantesca formalidad alegaba Jacobo, y corrido este algún tanto, preguntó contrariado:
—¿Te ríes?...
—No, hombre, no... Me río del autor, no de la cita... Veamos la sentencia.
—Y bien profunda que es—replicó Jacobo—: «Subía la montaña de Tam-Sam, y el reino de Sú me pareció pequeño; seguí subiendo al monte de Tai-Sam, más elevado aún, y el imperio me pareció pequeño». Así me ha sucedido a mí: mientras más alto me han elevado los eventos de mi vida, más despreciables me han parecido mis triunfos.
—Pues verdaderamente que el señor Confucio no anduvo desacertado en la parabolita—dijo la marquesa—. Pero al aplicarte tú el cuento, te las calzas al revés, amigo mío... No debes de decir subí, sino bajé, porque esos triunfos de tu vida no te han ensalzado, sino rebajado mucho... Por eso debiste decir: «Bajé al charco de Tam-Sam y la idea de la virtud la perdí de vista, me hundí en la cisterna de Tai-Sam, mucho más profunda, mucho más cenagosa, y las ideas del honor y del deber se borraron del todo...»
Esta brusca e inesperada arremetida desconcertó por completo a Jacobo, y mordiéndose los labios, dijo amargamente: