—Entonces...
—Entonces queda en pie lo que yo he prometido... El porvenir no puede, sin embargo, asegurarse, y quizá pudiera suceder que, contra nuestra voluntad y nuestros deseos, nos viéramos forzados a respetar un hecho consumado o a ceder ante una votación contraria hecha en Cortes...
El señor Pulido hizo una profunda señal de asentimiento, bajando con previsoria resignación los ojos, y la duquesa, haciendo alarde de la perspicacia de su ingenio, exclamó ligeramente:
—¡Entendido, entendido...; basta!... Queda, sin embargo, el otro extremo por conciliar. ¿Crees tú que la mona Jenny se contente con la vicepresidencia?
Asombróse Butrón de aquella extraña candidata cuadrumano que trataba de ingerir la duquesa en la ilustre junta de damas, y exclamó muy sorprendido:
—¿La mona Jenny?...
—Pues, hombre, Curra... La Villamelona. ¿No sabes?... Diógenes le ha puesto ese nombre desde que le dio por fumar en pipa, en un narghilé precioso que le regaló el embajador de Marruecos... Es una mona famosa que hay en el jardín zoológico de Londres—yo la he visto—y fuma en pipa con una gracia y unos mohínes que recuerdan a Curra por completo.
—¡Vamos, vamos!—exclamó con bondad olímpica el diplomático—. No he visto nada como Madrid para motes y chismecillos... Todos queriéndose mucho, todos juntos noche y día, y todos arrancándose a tiras el pellejo y poniéndose en ridículo en cuanto vuelven la espalda...
—¡Miren el puritano, el caritativo!... Ami de la vertu, plutôt que vertueux! Pues ya tenías tiempo de haberte ido acostumbrando.
—Empezaré a acostumbrarme por la mona Jenny... La mona Jenny aceptará la vicepresidencia.