—¡Pues claro está!, ¡para eso mismo!... Es menester que todo eso quede entre nosotros, y hable yo cuanto antes con Currita...
—Aquí la tendrá usted de un momento a otro.
—¿Aquí?...
—Aquí mismo... Quedé citada con ella para ir a la visita de los niños de la Inclusa; ella es de la Junta de Damas.
—¡Oh, sí!—exclamó Carmen Tagle en tono muy devoto—. Currita tiene a esos pobrecitos niños un afecto tiernísimo...
—Maternal—dijo Gorito en el mismo tono.
—Verdaderamente maternal—repitieron varios muy compungidos; y todos se echaron a reír, incluso la colegialita, con sencillez candorosísima, mientras Butrón, muy apurado, repetía con el ademán de Neptuno pacificando los mares:
—¡Juicio, señores; juicio, por Dios!... Que nadie diga una palabra, ni se den por entendidos con ella, hasta que yo le hable.
—¡Ay, no, no; lo que es eso no!—exclamó la Mazacán muy desolada—. Por nada del mundo renuncio yo al gustito de hacerla rabiar un rato...
—¡Pero si eso no puede ser cierto!... ¡Si todo podrá arreglarse!