—¿Pero qué es esto, Damián?... ¿Cómo ha sido esa marcha tan repentina?... Sólo pude ver al señor marqués un momento, y eso delante de la gente...

—Pues no sé—replicó Damián encogiéndose de hombros—. El señor marqués se levantó ayer a la una y salió sin almorzar de casa... Volvió a eso de las seis y mandó preparar las maletas.

—¿Llevó mucho equipaje?... Me dijo que pensaba detenerse varios días.

—Sí, señora; llevó un mundo y dos maletas. Yo mismo las hice.

—¿Y fue por fin solo?... Me dijo que quizá tendría que acompañar a unas señoras francesas...

Quedóse Damián muy parado y tornó a encogerse de hombros.

—Demetrio le acompañó a la estación... Yo me quedé en casa.

—Llame usted a Demetrio... Me interesa saberlo.

Llegó Demetrio medio borracho y tomó a mirar a Damián, disimulando una sonrisa... Él no había visto nada entre tanto bullicio, pero en el coche en que se acomodó el señor marqués había ya otros equipajes...