Dio entonces Jacobo una puñada en el brazo de la butaca, diciendo con voz sorda:

—¡Me has perdido!...

—¡Ay, Jesús, Jacobito!... ¡Porr Dios, dímelo!... ¿Qué pasa?—exclamó el tío Frasquito muerto de susto.

—¡Me has perdido!... ¡Me has perdido!—repetía Jacobo.

Y bajo la impresión del temor y el aturdimiento, confió con su impremeditación ordinaria al necio viejo, si no la parte más culpable, la más peligrosa, al menos, de la aventura de los masones. El tío Frasquito, muerto de miedo, creyendo ver brotar puñales masónicos a través de la mullida alfombra, comenzó a dar vueltas desatinado, tropezando por todas partes como corneja puesta de repente a la luz del sol.

—¡Ay, ay, ay, Santa Marría, qué berrenjenal! Porr supuesto, Jacobito, que tú te acordarrás muy bien de que yo no querría tornarr los sellos. ¿Te acuerrdas?... Tú me los diste y yo no los querría tornarr.. Porr complacerrte, porr darrte gusto los tomé y me arrepiento; que yo no los necesitaba, ni quierro nada de esos señores. ¿Te enterras?... Y conmigo no cuentes, porrque yo lo digo todo clarrito, clarrito, y me lavo las manos.

Detúvose de pronto y diose una gran palmada en la frente, como quien ata de improviso un cabo importante. ¡Tú, tú, tú!... Aumentóse su terror, y fuele preciso sentarse.

—¡Ahorra lo entiendo todo! Ahorra me lo explico y lo veo clarro... ¡Santa Marría, lo que me está pasando!...

—¿Qué?—dijo Jacobo con ansia.

La emoción de este parecía haber pasado al tío Frasquito, y conociendo el pobre viejo su debilidad, decidióse a buscar apoyo en el más fuerte... Cogió por un brazo a Jacobo y llevólo sigilosamente a su alcoba, nido risueño, tapizado con seda de Persia celeste, cubierto el pavimento con pieles blancas, con una cama de palo de rosa muy baja, muy aérea, vago conjunto de encajes, holandas y sedas celestes, semejante a una crespa ola del mar coronada de espumas blancas. Había allí un mueble precioso, también de palo de rosa, con cerradura de plata, donde el tío Frasquito guardaba los papeles importantes; abrió un cajoncito y sacó un paquete de cartas.