Anocheció por fin el viernes, llegó la hora de comer, y tan sólo trece, de los veinte personajes convidados, se sentaron aquella noche a la mesa de los consortes Villamelón. El número era funesto, y la duquesa de Bara, que supuso al punto la causa de tan repentina baja, dijo muy quedito a su sobrino el duque de Bringas:
—Mal número... ¿Si será esta la última cena?
—Con tal que no te toque a ti el papel de Judas.
—¡Oh, no, no!... Yo le soy fiel a Curra.
—¿Pero por qué han desertado los otros?
—Pues nada, hijo, que ha habido conjunción de pucheros y el de María Villasis triunfa.
—Será más delicado.
—¡Pchs!... Bizcochitos de monja y tocino de cielo... Prefiero el de Curra: es más sustancioso.
—¿Pues cuál es?...
—Olla podrida.