Y se puso a cantar con malísima voz y detestable oído el
Sempre libera deggio
Transvolar di gioia in gioia
de la Traviata, ópera a la sazón muy en boga y escogida por Miss Jesup para presentarse por primera vez en la escena madrileña.
—¡Ay, no, no!—dijo Currita muy displicente—. No tengo ganas de ópera.
—Pero, mujer... ¿Te vas a enterrar en vida?... Tres días hace que no sales.
—Y además, ya tú ves, de luto...
—¡Pero si llevas ya cinco días!... ¿A cuándo aguardas para dejarlo?... No me lo hubiera yo puesto diez minutos por Juanito Velarde, porque por más que tú digas, era muy soso, hija, muy sosito.
—Entonces, me pondré esta noche medio luto... Justamente tengo un vestido sin estrenar, blanco y negro; es bonito, pero no creo que pueda servir para otra cosa.
—Pues aprovecha la ocasión, tonta... Pero anda lista, que es muy tarde.
Y ella misma se levantó para tirar de la campanilla y dar a Kate las órdenes necesarias.