Una madre desolada.
Un alma en el infierno.
Y la moda de los guantes distintos.
Mientras tanto, Villamelón preparaba con grande afán las fotografías de donde habían de sacarse los grabados para la Revista Ilustrada; todo lo demás habíalo echado en el cajón de las cuestiones bizantinas.
Fin del libro primero
Libro II
[—I—]
El tren expreso de Marsella a París traía cuatro horas de retraso, por haberse roto un puente la noche antes entre Gallician y Saint-Gilles. Los viajeros llegaron a las cuatro y media a la gran capital, apeándose en la gare de Lyon, hambrientos y malhumorados. Un hombre de unos treinta años saltó el primero de un sleeping-car, y atravesando el andén antes que la multitud lo invadiese, llegó al carrefour con ese aire seguro y exento de toda perplejidad que anuncia siempre al viajero práctico en añagazas de aduanas, estaciones y caminos de hierro.