mucho menos de aquello que querían,

porque los falsos moros se guardaron

de mostrarles lo que ellos pretendían,

que do está de malicia lleno el seno,

recela que la tiene el pecho ajeno.

Mas aquel que la fresca primavera

en su rostro conserva, y fué nacido

de madres dos; que aqueste engaño urdiera

por ver al navegante destruído,

en una casa estaba allá defuera