»Mas ¡ay! que está entre manos de unas gentes
y pues fuí yo...» Y en esto, de mimosa,
el rostro baña en lágrimas ardientes
cual con rocío está la fresca rosa:
un poco calla, como si entre dientes
le impidieran la habla lastimosa;
y queriendo con ella ir adelante
la plática le ataja el gran Tonante.
Y de estas blandas muestras conmovido,
que movieran de un tigre el pecho duro,