no vale corazón, astucia y maña,
si el cielo no descubre la maraña.
A su mitad la noche había llegado
y el cielo con la luz del sol ajena
la tierra un buen espacio había alumbrado
cuando la gente duerme más sin pena.
El capitán ilustre, fatigado
de largas centinelas dar ordena
a los ojos reposo, pues velaba
por sus cuartos la gente y reposaba.