allí tu flota alegre recibiendo

un rey, con voluntad y amistad sana,

regalará tu bando laso y roto

y te dará al partir sabio piloto.»

Acabó de la Maya el hijo, y luego

el capitán despierta con espanto:

ve la negra tiniebla con gran fuego

de una súbita luz y rayo santo,

y viendo que no es tiempo de sosiego,

ni de en tierra tan mala estarse tanto,