al maestre despierta, y le mandaba

dar las velas al viento que soplaba.

«Alza la vela, dice, al blando viento,

que ya nos favorece y Dios lo manda,

que un mensajero vi del claro asiento

que en favor de la flota y nuestro anda.»

Levántase con esto un movimiento

de marineros de una y otra banda:

las áncoras levantan luego en alto,

mostrándose ninguno en fuerza falto.