corren por darles caza, y uno solo

tomaron de los dos que persiguieron,

que el otro con temor se recelaba

y a costa, por salvar la gente, daba.

Mas el que se quedó, no tan mañoso,

en las manos cayó del Lusitano

sin el rigor de Marte furïoso

y sin la furia horrenda de Vulcano,

que como fuese débil y medroso

de mora gente y flaco pecho humano,