Vulcano por el aire centelleando

a la flota con fuego la rodea;

las sonoras trompetas se tañían

y añafiles de moros respondían.

Mas después de ser todo ya notado

del generoso moro que se helaba,

oyendo el instrumento inusitado

que tan grande terror en sí mostraba,

manda tener quieto y ancorado

en la mar el batel que los llevaba,