y de las tempestades del Eolo
nos eres un refugio fiel, jocundo:
en cuanto hubiere estrellas en el Polo
y el sol diere su lumbre por el mundo,
do viniere, con fama eterna y gloria
vivirá tu memoria en mi memoria.»
Acabó, y los bateles van remando
a la flota que el moro ver desea:
una por una van las naos mirando
porque todas las note el rey y vea: