y revolviendo el cómo en su conceto,

luego siguió al propósito el efeto.

»De Guimaraes el campo se teñía

con sangre propia de intestina guerra,

de la madre, que serlo no debía,

a su hijo negaba amor y tierra:

con él puesta en el campo ya se veía,

y no ve la soberbia cuánto yerra

contra lo que a su Dios y a madre debe;

mas el amor carnal a más se atreve.