mas viendo el rey su lealtad extraña,
pudo más la piedad que no la saña.
»¡Oh lealtad de veras portuguesa
de vasallo que a tanto se obligaba!
¿Qué más el Persa hizo en la alta empresa,
do narices y rostro se cortaba?
De lo que el gran Darío tanto pesa,
que mil veces diciendo suspiraba
que a su Zopiro sano más preciara
que si cien Babilonias sujetara.