siguen guerreras damas sus amigos,
imitando la fuerte y bella dama
de quien troyanos tanto se ayudaron,
o las que a Termodonte ya gustaron.
»La matutina luz, serena y fría,
las estrellas del cielo ahuyentaba,
cuando en la Cruz el Hijo de María,
mostrándose a Alfonso, lo animaba:
él, adorando al que le aparecía,
en viva fe encendido así gritaba: