por la halda del monte, descuidado
del temeroso encuentro no pensado.
»Era de Badajoz el rey que al moro
con cuatro mil caballos socorría,
innúmeros infantes, armas de oro
guarnecidas la más gente traía.
Mas cual por mayo suele el bravo toro,
con celos de la vaca a gran porfía
sintiendo gente, el bruto y ciego amante
saltear a cualquiera caminante: