cuando el que al fin venciendo el mundo andaba

de larga y mucha edad fuera vencido:

la última dolencia le tocaba

con mano fría el cuerpo enflaquecido,

y pagaron sus años ya de hecho

a Libitina triste su derecho.

»Los altos promontorios lo lloraron;

las aguas de los ríos amorosas

a los sembrados campos anegaron

con lágrimas, corriendo caudalosas;